La verdad es que los tres que hemos visto hoy son a cual más chulo y bien cuidado. Éste en concreto tiene la peculiaridad de ser el sitio donde fue/está enterrado Leondardo Da Vinci, ya que vivió sus últimos años en este pueblo del Loira y falleció en el castillo. También los edificios que se conservan, son sólo una pequeña parte de lo que era inicialmente, ya que fue derruido. Vamos que en su época debía ser pequeñito... joooooooooe...
"La reina del castillo, ja!!"
Cuando salimos del castillo y tras tomarnos una coca-cola continuamos ruta hacia el siguiente, Chanonceau (o algo). Aquí el GPS de nuevo hizo de las suyas y nos quiso meter por el bosque por una entrada que no existía, que, efectivamente era la parte de atrás del castillo. Llegamos a él y ya vemos que, aparte que el castillo no se ve, hay mucha gente para verlo, cosa que hasta ahora no había sido habitual. También tiene parkings grandes para coches, caravanas, bicis, motos y autobuses, lo que nos lleva a pensar que este algo más conocidillo sí que tiene que ser. Una vez comprada la entrada en una especie de cajero, recorremos un paseo de árboles (la foto está un poco movida...)
Que nos lleva a una amplia "plaza" donde ya se divisa el castillo y los jardines.
El castillo está muy chulo y tiene la peculiaridad de cruzar totalmente el río Cher.
Entre otras cosas vimos las diferentes estancias de los reyes que habían estado allí, las cocinas, etc. Otra cosa curiosa es que, como el castillo cruza el río, en la parte inferior de uno de los arcos cercano a las cocinas, tiene una especie de la pasarela en la que los barcos atracaban y, a través de ella se subían las mercancías a las despensas.
Una vez salimos del castillos, vimos que tenía un restaurante no muy caro y comimos en la terraza. Aunque comimos a toda leche porque el frío ya arreciaba y tenía toda la pinta que iba a ponerse a llover.
Nos dirigimos entonces al último de los castillos que tocaba visitar, Chaumont. Llegamos y, después de las vueltas pertinentes, esta vez no por culpa del GPS sino nuestra que no creíamos que la entrada del castillo fuese aquella, porque no se veía castillo por ningún lado. Por fin aparcamos, cogimos los tickets y a subir al castillo... y subimos, y seguimos subiendo por una rampa que no parecía acabar nunca.
Hasta que finalmente llegamos a una especie de bosque, en el que en su parte derecha se podía medio ver el castillo y todo lo demás estaba lleno de árboles y de cesped meticulosamente cortado.
Raudos y veloces nos dirigimos al castillo, entramos y en unos 45 minutos más o menos estaba visto para sentencia. La verdad es que la diferencia de conservación tanto del exterior como del interior de los castillos de hoy no tiene nada que ver con los del primer día. Todo está mucho más cuidado y explicado, a pesar de que algunos de ellos son privados también.
La idea entonces era darnos la vuelta y dejar el resto para mañana, pero como nos sobraba tiempo nos fuimos hasta Blois donde nos dimos una vuelta y nos tomamos un piscolabis.
Cogimos entonces carretera y manta y volvimos a Tours, como siempre esquivando las autopistas de peaje y volviendo a ver, desde el otro lado del Loira dos de los castillos visitados con una perspectiva la mar de chula.
Una vez en el hotel, esta vez cenamos en él un sabroso lomo, jamón y chorizo español del Carrefour y preparamos la ruta del día siguiente antes de caernos rendidos.
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